en Escaladas en Alicante

El Penúltimo Soldurio

Hace casi un año mi amigo Pepe me preguntó si había leído un relato de Jaime Arviza que llevaba por título “El Último Soldurio”. No solo no había leído aquel relato, sino que desconocía por completo el significado de la palabra “soldurio”. Evidentemente, antes de reconocer mi ignorancia, fingí que me entraba una llamada urgente, eché mano al teléfono y solté algo como –¡Uy!, qué raro que me llame mi jefe ahora-, me separé unos metros de mi interlocutor y me dispuse a bucear en las fuentes del conocimiento wikipédico. En los últimos años he conseguido hacer de este tipo de maniobras un verdadero arte. Y es que Wikipedia es para mí lo que unos anteojos para el miope; el perro lazarillo de un ciego. Para los que apenas tenemos memoria el acceso a Wikipedia es una balsa salvavidas, una herramienta de integración social. -¡Ningún garaje, refugio o caverna sin cobertura 4G!- Para algunos de nosotros, que nos resten cobertura es como si nos arrebatasen las pilas del audífono. El caso es que yo volví a la conversación con mi colega Pepe cargado de datos, referencias y desambiguaciones -Sí, sí… creo haber leido algo sobre esos guerreros de la mitología cántabra.– Limpio. Sutil. Letal.

Cuando llegué a mi casa busqué el mencionado post y lo leí. El relato estaba lleno de contenido, como todos los escritos de Arviza, y en él se homenajeaba a Ortiz, un escalador que vino del Norte en los años 70 y que dedicó buena parte de su actividad deportiva a abrir vías duras y comprometidas en la pared sur del Benicadell. Yo apenas lo conocía, pero había confirmado su talento escalando dos de sus rutas. Al finalizar aquel relato decidí que abriría una vía en su honor.

A Vila le pareció perfecta la idea de realizar nuestro particular homenaje a Ortiz y ambos teníamos muy claro que la mejor manera de hacerlo era respetando el estilo que él defendió durante sus mejores años de aperturas, haciendo buen uso de los clavos y plomos y dejando las expansiones para contadas ocasiones. Pero esa idea solo nos duró un rato. Cuando llegamos a la base de la pared ya se nos había marchitado un poco el valor y decidimos cambiar el estilo heroico por uno más prosaico; no uno en concreto, sino el que fuera que nos permitiera hacer una ascensión disfrutona y en libre, colocando cuantas chapas fueran necesarias. ¡¡Arriba Ortiz!!.

Tras un par de visitas en algo menos de un año, el resultado final es una ruta directa pero que aprovecha diedros, fisuras y líneas de agujeros, con dificultades bastante mantenidas, en los 3 último largos, en torno al 7a. La ruta ha quedado prácticamente equipada, a excepción de la primera tirada. La calidad de la roca es en general bastante buena, a veces excepcional, pero también hay tramos de roca delicada, paradójicamente coincidiendo con las secciones donde no hay expansiones. Más abajo os dejo la reseña.

PD: a los pocos días de terminar nuestra nueva ruta, orgullosos de nuestro ingenioso homenaje, descubrimos a través de un amigo que ese mismo mes se había abierto otra vía en Alicante en homenaje a Ortiz. Tras unas cuantas averiguaciones descubrimos que la ruta en cuestión también se localizaba en la cara sur del Benicadell, a escasos 100 metros a la derecha de la nuestra. Tan solo nos quedaba el consuelo de haber bautizado nuestra creación con un nombre ocurrente, difícilmente superable. Tras unos minutos navegando con mi teléfono móvil, al fin encontré la reseña de esa obra del demonio que me estaba arrebatando el ánimo. La sangre de mi cabeza emigró muy lejos de allí cuando leí las tres palabras que encabezaban ese maldito croquis: El Último Soldurio.

El Primer largo: un 6a+ de placa con alguna sección de roca delicada.

Vila en plena tarea de bricolaje

 

El segundo largo: un 7a magnífico.

El L3 es el más interesante de la ruta. un 7a+ o 7b de lo más variado.

 

Vila superando el desplome de 6c+ del último largo

  1. Me alegra tu relato, me alegra que hayáis abierta una nueva vía, pero lo que de verdad me mola más es que hayas vuelto a la actividad bloguera

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