en Escaladas en Alicante

Bye, bye, Madiba. 200m, 7b+/C3 (actualizando grados)

Mi sobrino de 7 años me considera un pozo de sabiduría. Hace unos días me confesó asustado que cuanto más tomaba el sol más blanco se le ponía el culo. Intenté explicarle que a veces los sentidos nos engañan pero antes de que acabara la frase me plantó su desnudo culo infantil a pocos centímetros de la cara.  Aquella blancura nívea me dejó sin argumentos.  Desde entonces no desestimo una aparente relación causa-efecto por absurda que  parezca. Remuevo mi segunda taza de café mientras intento formular una ecuación que explique porqué cada vez que me cojo días de vacaciones, hace mal tiempo en los Alpes. En el televisor de la cafetería se suceden imágenes de Mandela. Hoy es 6 de diciembre y todos los medios de comunicación informan de su muerte. Por su rostro siempre sonriente y su mirada serena uno diría que se trataba del hombre mas afortunado de la tierra. La mirada de un monje que alcanzó la paz interior.

Dos horas mas tarde me encuentro en la base del Racó de Tovaines, en Penya Roc, con toda la artillería que he podido transportar y preguntándome cómo he tardado tantos años en decidirme a abrir esta magnífica linea. Con el primer paso comienza el Rock’n Roll: un pequeño desplome con roca delicada me obliga a empezar colgándome de un fisurero dudoso. En el suelo una roca afilada amenaza con partirme la espalda en caso de que salte  el empotrador. Me imagino clavado boca arriba sobre la enhiesta piedra, con los brazos y piernas extendidas, la cabeza colgando hacia detrás y la boca abierta. Observando para la eternidad el horizonte invertido de la bahía de Altea, mientras mis restos se disecan al sol.

Una vez superado el pequeño desplome la escalada se vuelve divertida y generosa en agarres. También en sobresaltos. Lanzo un gran tronco seco hacia el vacío que acaba enganchándose en mi cuerda y me arrastra al vacío. Busco en mi mochila una chocolatina y en su lugar me encuentro con una ardilla terrorífica con los ojos inyectados en sangre. Etc, etc. Cuando alcanzo la r2 he sufrido tantas anécdotas y tan pavorosas que decido bajar al suelo de una bendita vez. Además el desplome del tercer largo promete ser especialmente trabajoso y no encuentro la motivación suficiente para embarcarme en semejante lucha en solitario.

Regreso a Penya Roc unas semanas mas tarde, pero esta vez lo hago desde arriba. Me descuelgo hasta un punto por encima del gran desplome,  donde instalo la r3 y me decido a abrir los largo finales. Desde este punto es imposible rapelar, por lo que dejo fija una cuerda estática que me asegura la escapada por arriba en caso de emergencia. Si me viera Roy sin duda me diría que soy un maricón. Por suerte casi nunca viene por aquí. La sección superior es brutal: muy compacta y desplomada, con movimientos acrobáticos alrededor de una chorrera. Me imagino escalando en libre este largo y se me acelera el corazón.

Ya solo me queda por abrir el gigantesco desplome intermedio y para eso necesito un compañero que esté dispuesto a pasar unas cuantas horas colgando como un jamón.  Miguel Valderrama se ofrece voluntario pero una vez en la base me propone ser él quien abra el largo. Recibo la noticia como una bendición, intentando disimular la inmensa dicha que me produce.  Le cedo el testigo fingiendo desgana mientras miro hacia otro lado con los ojos inundados de júbilo.

Desde la comodidad de la guindo-silla la visión del largo de artifo resulta espectacular. Por detrás de nosotros la lluvia comienza a oscurecer las paredes y el azul del mar se torna gris. Las chovas se refugian bajo la gran visera haciendo piruetas alrededor de mi silla voladora. Una vez más Penya Roc me muestra su lado mágico, más allá de sus vertiginosas paredes, su denso silencio y sus escaladas audaces.

 

 

Reseña actualizada tras la primera repetición con Roy de Valera. El cuarto largo aún sin encadenar.

 

 

 

Algunos datos técnicos: tras añadir algunas chapas todos los largos han sido escalados en libre, a excepción del tercero. Este largo es un gran desplome de 35 metros donde el material flotante entra con facilidad y que ya ha sido escalado sin maza. Si nos decidimos por este estilo deberemos prever unos 6 microfriends extra (3 de 15 mm -alien amarillo- y 3 de 20 mm -alien rojo-) y algo de imaginación. Con maza o sin ella no se trata de un largo rápido por lo que la guindola para el asegurador es vital. Todas las reuniones están equipadas con argollas aunque una vez superado el desplome la retirada es complicada (comprobado)