24 Horas en la Norte de las Droites. Crónica de un descuido en alta montaña
Publciado por Javi Mercuri - 14/08/08 a las 04:08:41 pmDÍA 1
Salimos desde nuestro nido de águilas a 4 m sobre el nivel del mar, animados aunque con serias dudas sobre nuestro rendimiento en altura. Durante las últimas semanas todo mi entrenamiento se había centrado en escalar al “top rope” vías de roca en la Serra Grossa, a 80 metros de altitud. En cualquier caso me pareció un método más eficaz que el empleado el verano anterior. Aquel año decidimos que por una vez llegaríamos a Chamonix con los deberes hechos. Compramos un botellón 50 litros de Hidrógeno puro y nos hicimos 4 botellas de buceo de aire empobrecido. La presión parcial de oxígeno que conseguimos correspondía a estar a unos 3800 m. Pasé las 4 noches anteriores al viaje inhalando aquella mezcla a través de una máscara del tipo “guerra química”. Me desplazaba por la casa arrastrando la maldita botella de 20 kilos como si de un enfermo terminal se tratara. por otro lado, la mascara me otorgaba un aire marcial, casi de invasor espacial. Durante las noches, la incomodidad del sofá al que fui deportado, el dolor en el cráneo producido por las correas de goma y el insoportable sonido del regulador de aire me mantuvieron en una vigilia casi perpetua. El cansancio acumulado como consecuencia de la hipoxia y la falta de sueño hicieron de aquel viaje Alicante-Chamonix el más pesado y agotador que recuerdo.
DÍA 2
Una vez en ese gran Parque Temático del Alpinismo que es Chamonix, realizamos la obligada visita a la Maison de la Muntagne y con gesto humilde, solicitamos información a los altivos guías de Chamonix. Toda la sangre de mi cabeza decidió emigrar muy lejos cuando nos confirmaron que el funicular de Grand Montets estaba fuera de servicio. Uno de los pilares fundamentales de nuestro proyecto se había hundido dejándolo al borde del derrumbe.
Nos costó varias horas convencernos de que los 800 m de desnivel que nos separaban del Refugio de Argentier suponían una barrera psicológica más que un verdadero problema para nuestras piernas y con paso dubitativo remontamos las terrosas laderas en busca del hielo.
DÍA 3
A las 5 a.m. encontramos el paso de la rimaya a la altura de la entrada Messner y comenzamos a escalar la rampas convexas que caracterizan esta cara de la montaña. Todo el muro inferior (y toda la vía en general) carece de puntos de reposo y sobre todo de referencias, configurando un escenario inhóspito de roca y hielo. Avanzamos en ensamble durante horas sobre un hielo podrido y cargado de piedras sin tener la menor idea de a qué altura o en qué vía nos encontrábamos. Con la ayuda del altímetro y las fotos hechas desde el refugio a la luz de la luna, Juan Ignacio dedujo acertadamente que estábamos metidos de pleno en la ruta Colton, por encima del espolón rocoso que la separa de la ruta Ginat. El tiempo parecía estable y nuestro horario no era del todo malo. Me lancé animado hacia una delicada travesía a la izquierda sobre terreno mixto, deseoso de alcanzar una línea de hielo más evidente; un terreno donde mi atrofiado sentido de la orientación no quedara en evidencia. Alcancé una roca con posibilidades para montar una reunión medianamente cómoda. Hinqué los piolets en el hielo y colgué de uno de ellos mi mochila. En aquella “cómoda” reunión descubrí lo rápido que puedo pasar de un estado de alegría o incluso euforia a la total desolación. Había visto varias veces cómo se precipitaban al vacío cintras express, mosquetones, pies de gato, incluso algún piolet, pero nunca un “pack” tan completo de material. Mi macuto recién comprado, unido para la eternidad a uno de mis Quark, voló 700 metros hasta desaparecer en la oscura rimaya. La imagen de un objeto cayendo suele producirme una sensación de vacío o hasta de vértigo, pero la explosión de mi mochila, esparciendo su contenido por el hielo milenario de la cara norte de las Droites me produjo asco.
Rapelar de una pared como esta es siempre complicado pero con aquel hielo fino y quebradizo se convertía en una empresa realmente peligrosa. Nos convencimos de que aún nos quedaba alguna posibilidad de éxito con 3 piolets para los dos. Unos minutos después de que Iñaki saliera de la reunión comprendí lo delicado de nuestra situación. Junto a la mochila y el piolet volaron chaqueta de pluma, agua, infiernillo, guantes, comida, llaves del coche y la única frontal operativa (la otra estuvo encendida por error durante todo el día y la noche anterior, quedándose obviamente sin pilas). El avance por la pared prometía ser muy lento y la llegada de la noche sería inevitable. Comencé a imaginar la escalada de los últimos 300 metros de hielo vertical, de noche, con una sola herramienta y sin linterna. La alternativa de tallar una repisa e intentar vivaquar sin chaqueta era sencillamente absurda. De golpe comprendí que había llegado el momento de hacer eso que todo alpinista evita: llamar al helicóptero.
Sin dejar de avanzar por la pared nos turnamos en la tarea de llamar y mandar mensajes a los distintos números de emergencias, sin éxito debido a la escasa cobertura. Tan solo conseguimos que pasara un sms dirigido el Padre de Iñaki: -Estamos bien. No te preocupes. Llama al Helicóptero!-
La posibilidad de ser rescatados y salir de aquel lugar inhóspito en cuestión de minutos me hacía sentir ansioso y preocupado. No estaba preparado para enfrentarme a las mayores dificultades de la ruta en aquellas condiciones. El mensaje que recibimos poco antes de que se cerrara la noche se llevó de un plumazo nuestras dudas, nervios y la incómoda sensación de vulnerabilidad -El Helicóptero irá mañana. Tenéis que aguantar esta noche!- Una vez más la ley de los hechos consumados nos ahorraba la tediosa carga de tener que tomar decisiones.
Renovados tras aquel baño de realidad comenzamos una escalada concienzuda basada en dos premisas: no hacer ensamble y montar reuniones decentes. Juan Ignacio se ofreció para ir de segundo con un solo piolet, basándose en mi supuesta mejor visión. Inmersos en una negrura absoluta la escalada se convirtió en un ejercicio de intuición y templanza. En las reuniones intentaba imaginarme cómo superaría Iñaki los tramos de hielo fino y vertical, convencido de que tendría que hacerle llegar de algún modo una de mis herramientas. Pero su ritmo de ascenso, salvo por alguna caída, era increíblemente bueno. Me comentó que iba tanteando el hielo con la mano izquierda hasta localizar los diminutos orificios dejados por mis piolets y de ese modo utilizarlos como pequeños monodedos. Me alegré de su decisión de escalar de segundo, convencido de que estaba basada más en su destreza que en mi agudeza visual.
DÍA 4
Todos los largos nos reservaban alguna sorpresa, obligándonos a emplearnos a fondo: hielo fino, tramos de mixto expuesto, roca descompuesta…. Un bloque de hielo cayó sobre Iñaqui partiéndole en dos el casco y destrozándole las gafas. A pesar de las dificultades (o gracias a ellas) disfrutábamos sin prisas de la ascensión.
Alcanzamos la característica brecha de las Droites a las 4:30 a.m. En silencio disfrutamos de un merecido descanso hasta que los primeros rayos solares comenzaron a iluminar la cara sur. Unas horas más tarde el helicóptero nos arrancaba de la montaña, teletransportándonos en cuestión de minutos al centro de Chamonix. Vestidos de riguroso Gore Tex paseamos entre el río de turistas, solicitando, sin éxito, unas monedas que nos permitieran echarnos algo al estómago. Mi cabeza, desorientada, continuaba en las Droites. Añoraba el silencio de la montaña, el sonido de los piolets mordiendo el hielo, el frío intenso quemándome los pulmones, el vacío bajo mis pies. Compendí que esta vez no me libraría de los efectos de la mala aclimatación y que el “mal de bajura” duraría mucho tiempo. Quizás se hiciera crónico.
4 Comentarios »
RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI
Dejar un comentario
© Ediciones Desnivel SL., Calle San Victorino,8 28025 Madrid - Tfno. 902 902 156 - E-mail: edicionesdesnivel@desnivel.es
© Librería Desnivel, Pza. Matute 6 28012 Madrid - Tfno. 902 24 8848. Abrimos las 24h en www.libreriadesnivel.com..
ostia, me has acojonado.
Comentario por jeroni — 19 Agosto 2008 #
Vamos a ver quien os manda meteros en un sitio tan complicao¡ y ademas sin cuerda roja pa ir pillando copón¡ , de todas formas de mayor quiero ser como Tu , bueno y el Iñaki que menudos fregaos que le empaquetas. Gracias a que todo salio bien y podemos leerlo, disfrutarlo y de vez en cuando escalarlo,
Un saludo maquina.
Comentario por Jose Larojaostie — 29 Agosto 2008 #
MERCURYYY y yo que estaba cabreado contigo por que no cogias el telefono jaja. Alucinante una vez mas la realidad supera la ficción ¿por que no te presentaste al relato corto de montaña?
puedes ver aventuras infantiles en el blog de climbingarden
Comentario por rope — 4 Septiembre 2008 #
menuda noche - via toledana, menos mal que sois dos animalicos y salisteis del fregao, animo y a por otra via de ese talante pero del tiron
un saludo
Comentario por Kikazo — 11 Septiembre 2008 #