Alexei Bolotov

Fui a ver el documental “Pura Vida” a los cines Golem de Madrid, la versión moderna de los clásicos Renoir.  Para dos provincianos como nosotros siempre es un estímulo visitar la capital, pero hacerlo únicamente para ver una película de alpinismo le otorgaba al momento un toque emocionante.

Dentro de aquella diminuta sala, mi pareja mantenía una actitud “isoterma” mientras que yo no podía contener el nerviosismo. Gradualmente las luces se desvanecieron; unas banderas de oración colorearon la pantalla y a continuación Iñaki Ochoa de Olza, sobrecogido por la inmensidad del paisaje, hablaba a la cámara. Los minutos pasaban y en aquella peli no aparecía la más mínima escena de acción; nada de planos subjetivos, travellings o efectos digitales. Con una puesta en escena bastante farragosa, cargada de testimonios y flashbacks, la secuencia del relato era realmente difícil de seguir. Evidentemente nos habían engañado. Aquello no era un documental sobre alpinismo, sino una  tesis sobre los valores más honorables de la naturaleza humana, algo para lo que sin duda no nos habíamos preparado. Prueba de ello es que tanto Isabel como yo acabamos llorando a moco tendido en mitad de la platea. Ella hace tiempo que está inmunizada frente a cualquier cosa que tenga que ver con esta manía de subir montañas, pero la valentía de Uli Steck, la bondad de Horia, la pasión de Denis y la generosidad de Don, fueron atravesando su coraza como gotas de ácido.

Pero sin duda había una figura que ejercía mayor magnetismo que las demás. Un personaje imposible en cualquier relato de ficción. Alexei Bolotov, un gigante con mirada de niño tímido, que agacha la cabeza ante la reprimenda de su esposa, que le acusa de correr demasiados riesgos. Él es consciente de que ella tiene razón y de que inevitablemente volverá a hacerla sufrir una infinidad de veces. Un ser honesto y sencillo al que la fama y el reconocimiento no interesan y al que, como dice Ueli, le gusta más actuar que hablar.

Nunca nadie ha tenido más razones para bajarse de una montaña a toda prisa que las que tuvo Alexei Bolotov en el Annapurna: acababa de descender de la cumbre a la que había subido en solitario, presentaba síntomas claros de padecer un edema pulmonar, calzaba las botas frías de Ueli Steck (al que le había cedido sus botas de altura) y sobre todo, nadie esperaba absolutamente nada de él. Cuando le preguntaron por qué se dio la vuelta y volvió sobres sus pasos para alcanzar de nuevo la tienda de Iñaki, contestó:

“Los humanos se tienen que ayudar en cualquier caso. Subir a la cima no es ningún deber, no se lo debo a nadie, pero ayudar es una obligación y no depende de mi estado de salud. Lo tengo que hacer esté como esté”.

Los que conocieron a Alexei Bolotov dicen que era extraordinario: un hombre valiente, humilde y generoso, valores esenciales del ideario ruso. Debo añadir que mis conocimientos sobre cultura rusa se reducen a haber sido un profuso consumidor de vodka (con naranja) durante mi adolescencia y a haber leído el cuento de León Tolstoi “Iván el Tonto”. Este mito popular, cuenta la historia de un joven incorruptible ya que desconoce la codicia. Iván el Tonto ayuda a sus vecinos en trabajos extenuantes sin reflexionar y sin esperar nada a cambio.

Para mi Alexei Bolotov era como Iván el Tonto: un héroe sin ínfulas de héroe, pero un héroe al fin y al cabo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TOTAL BRUTAL AL TOZAL DE LEVANTE

Los escaladores experimentados no necesitamos la ayuda de burdos pronósticos meteorológicos. Esos fríos modelos matemáticos son escopetas de feria si los comparas con la predicción que puede realizar un aguerrido montaraz como Charly o como yo. Nuestra sintonía con la naturaleza nos permite recibir señales totalmente imperceptibles para los advenedizos: el aroma del polvo bajo los pies, el acrobático vuelo de los vencejos, la proliferación de hormigas voladoras,  la  secreción de baba del caracol… No hay algoritmo matemático que pueda relacionar tal cantidad de inputs de manera casi instantánea y obtener una solución con tantas garantías como lo hace nuestra mente.  De hecho, cuando cogimos nuestros forros polares y nuestras chaquetas, no lo hicimos por atender a las advertencias de El Majo, que había escuchado al hombre del tiempo vaticinar la llegada de un frente frío y húmedo a las 14.00h O’clock. En realidad los cogimos por inercia, por esas ansias de cargar más y más peso sobre nuestras piernas titánicas.

Reseña

El objetivo aquel día era escalar la prometedora y recién nacida Brutal Total, abierta a base de sangre, sudor y lágrimas yeclanas, en un estilo que definieron como “A sartenazo limpio”.  El Majo se adjudicó por decreto el primer largo, creyendo que iba a disfrutar de una escalada Rodellaresca sobre una gran chorrera de 7a. Los dientes de coral y unos pasos técnicos sobre roca terrosa limitaron bastante su diversión. Este primer largo resultó ser un diamante en bruto o mejor dicho, un diamante en Sucio, ya que una buena barrida podría hacer de él uno de los largos más destacados del Tozal. Por nuestra parte, Charly y yo, decidimos darle una lección de interpretación meteorológica a nuestro joven acompañante, abandonando a pie de vía la mochila cargada con ropa de abrigo, contraviniendo frontalmente los postulados de Maldonado.

El Majo peleando en el L1

La visión del segundo largo desde la R1 motivó la apertura de los mercados, dando paso a la especulación y al regateo -¡Vendo, vendo! – ¡Este largo esta hecho para tí! -¿Qué ofreces? -Yo cambio el 4º por el 6º y me llevas las zapatillas! ¿Alguien da mas?- 

El L2 es en mi opinión el mas difícil de encadenar, sobre todo si tienes hijos o si te espera en casa una mujer bonita. Es de esos en los que pasas más tiempo imaginando las consecuencias de una caída que prestando atención a la escalada que tienes por delante. Realicé los primeros movimientos con decisión, resolviendo la parte más compleja y me interné en una travesía inprotegible a paso de tortuga, aplicando a cada canto el correspondiente triple test: 1, inspección visual, 2,  prueba de sonido, 3, prueba de tracción. Al alcanzar la R3 me di cuenta de que el ambiente se había tornado gris y gélido y para cuando llegaron mis compañeros  yo ya estaba tiritando de tal modo que apenas podía manipular las cuerdas. El silencio en las reuniones era total, salvo por algún comentario sutil de El Majo del estilo de -¡¡Me cago en la puta hostia!! ¡¿Por que cojones habéis dejado abajo la mochila con la ropa ?!

Charly iniciando el diedro del tercer largo

El tercer largo comienza con un bello diedro desplomado de 6b+ .  Charly intentó dominar la hipotermia a base de respiraciones yóguicas pero cada vez que traccionaba de un agarre, su cuerpo comenzaba a temblar como si aquellos cantos le estuvieran electrocutando. Acurrucados en la reunión no pudimos ver cómo se las ingenió para acabar el largo, que reservaba un exigente paso de 6c+/7a en su parte final.

A la altura del L4 ya estábamos casi totalmente envueltos por una nube gris. Esta tirada ofrece una escalada peñonera que requiere resistencia y determinación en partes iguales. Haciendo gala de ella,  El Majo se lanzó a por unos grandes bolos algo retirados del trazado de la vía y aparentemente descompuestos con el último seguro considerablemente lejos. Charly y yo cruzamos una mirada que apenas duró un segundo pero que valió más que mil palabras, yo volví a mi posición fetal y Charly comenzó a recitar su mantra para los momentos de adversidad- Mare, mare…Mare, mare…Mare, mare…-

travesía delicada para llegar a la R4

El quinto largo es un verdadero regalo para los sentidos.  Esa enorme placa de roca excepcional y el glorioso vacío tienen un efecto alucinógeno mas fuerte que un cocktail de mescalina y LSD. Comencé a retorcerme como una lagartija en busca de las gotas de agua, hacia un lado y hacia el otro, visualizando cada secuencia antes de realizarla.  Sentí cómo una poblada cabellera rubia rebosaba por encima de mis hombros, la cinta fuertemente atada a mi cabeza  empapaba el sudor de mi frente y la cantata nº33 de  Johan Sebastian Bach sonorizaba la escena. Y durante aquellos eternos minutos creí ser Patrick Edlinger (o una grotesca caricatura suya).

comenzando el elegantísimo L5

LOS HECHOS Y PERSONAJES DE ESTA HISTORIA SON FICTICIOS, CUALQUIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA

PD. Aunque la vía dista mucho de ser una escalada deportiva, el material flotante es prácticamente innecesario. Las secciones más duras, en torno al 6c+/7a, están equipadas con alegría y son bastante obligadas. Me alegra mucho poder afirmar que esta vía NO SERÁ UNA CLÁSICA.

 

24H en Roca Regina: de lo divino y lo humano

Es difícil hacer una crónica coherente de una experiencia tan larga y absurda como la vivida el pasado fin de semana en el Rally 24 h de Regina.  Sabíamos de antemano que la idiosincrasia de este evento era juntar a un puñado de escaladores artificieros y compartir una maratoniana jornada a ritmo del martillo, sin embargo ni a Roy ni a mí nos atraía la idea de pasarnos el día (y la noche) bailando sobre los estribos. Además, yo apenas tenía experiencia en la escalada “Reginosa” y Roy, que ha repetido algunas de sus rutas más exigentes, no asomaba el morro por allí desde los años 90.

Unas horas antes del sorteo de la primera ruta decidimos establecer un objetivo que justificase la inminente paliza y lo encontramos. Resultaba difícil y absurdo en partes iguales: ganar al Pelut sin hacer en ningún momento uso del martillo.

La estrategia se basaba en hacer como primera ruta una vía fácil y rápida que nos permitiría colocarnos en primera posición y hacer una valoración del progreso del resto de las cordadas. Nuestro archienemigo se había decantado por la vía Anasazi, un megarrutón de A3-A4 sostenido que Roy conocía muy bien, por haber realizado la primera repetición a principio de los 90. Nosotros nos decidimos por la Promio-Moreno.

En apenas 3 horas de escalada ya habíamos finalizado la primera ruta. Desde el suelo, el espectáculo de luces flotantes era realmente bello. Roy observó durante unos minutos la evolución de las luciérnagas que titilaban en Anasazi y tras aplicar complejos algoritmos matemático concluyó – ¡No salen en el día!– Aquella frase funcionó como una válvula por la que se escapó la escasa presión que acumulaba hasta tal punto que estuve a punto de hacerme un Ron-Cola y sentarme a compartir el calor de la estufa con la organización. Pero no debíamos confiarnos y al cabo de un rato volvíamos a perdernos en la noche oscura y gélida. Nuestra intención era realizar la ruta Barrufets durante la noche para salir con las primeras luces, a tiempo de hacer luego la ruta Gwendal. De este modo nos colocaríamos con 12 puntos, por delante de la cordada de Anasazi incluso en el improbable caso de que la acabaran en menos de 24h.

 Con cada largo de Barrufets, la realidad se iba alejando más del camino que habíamos imaginado. En lugar de entrar en la casa de Winnie de Poo nos habíamos colado en la Mansión del Terror: pasos obligados en libre sobre roca megadescompuesta, buriles sin chapa doblados por el uso y vencejos que salían de las fisuras asustados por nuestras linternas. Nuestra progresión era lentísima y  nuestros sentidos estaban en un constante estado de alarma. Sin embargo en Anasazi las luces progresaban a una velocidad espectacular. Sin duda estaban bien organizados. El primero de cordada apenas tardaba una hora en resolver cada largo, trabajo que se realizaba simultáneamente a la recuperación del material de la tirada anterior. Comencé a generar un odio inmenso hacia aquellos escaladores que evidentemente estaban hasta las cejas de clembuterol.

 

euforia, pupilas dilatadas, descordinación motora en los dedos…

 

Acabamos Barrufets como quien finaliza la ascensión de la Direttissima John Harlin, dando gracias a los dioses por habernos permitido seguir viendo la luz del sol. En el avituallamiento nos reunimos con algunas de las cordadas que como nosotros habían dado por finalizada la carrera. Parecíamos los supervivientes de un asedio vikingo. Unos se preguntaban, con la cabeza baja y las manos en los bolsillos, cómo habían podido perderse de esa manera hasta el punto de tener que abandonar. Otros se refugiaban en el asiento trasero de un coche intentando recuperar la cordura tras aquella noche de vigilia y estrés. Nosotros buscábamos a alguien que nos explicara cómo habíamos podido invertir 13 horas en escalar una vía de 6a/A2.

Las miradas seguían fijadas en la cordada Pelut-Font-Tersa a la que le faltaba solo 3 largos para alcanzar la cima. –No salen– volvió a asentir Roy – el último largo es de los más chungos– Fue entonces cuando los dioses inmortales decidieron una vez mas interferir en el destino de los hombres y acabar de una vez con tanta incertidumbre. Un gran bloque cayó sobre la cordada “Pelutense”, cercenando las 2 cuerdas y al mismo tiempo cualquier posibilidad de acabar la ruta en 24 horas.

Nunca sabré hasta qué punto nuestra victoria fue consecuencia de una estrategia bien diseñada o de la intervención divina. Quizás Morfeo pusiera unas semillas de dormidera en el agua de Genciana; o Artemisa cegara las frontales Urko y Blassi, desorientándolos en mitad de la noche. Quizás Atenea infundiera temerario valor (y algo de inconsciencia) a los jóvenes Blasenco y Gunko; incluso puede que Gea lanzara aquel trozo de roca contras las cuerdas del Pelut, Font y Tersa. O quizás tuvimos una coña de esas que hacen historia.

 

LOS HECHOS Y PERSONAJES DE ESTA HISTORIA SON FICTICIOS, CUALQUIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA

Eidfjord, hielo noruego

Apenas 5 minutos después de llegar a nuestra cabaña en Noruega, Miguel paseaba sobre el suelo radiante luciendo un pijama de aspecto realmente confortable. Cruzó la sala principal con andares decididos y el cuello estirado, sosteniendo en su mano derecha las gafas de leer, con la pompa y el desdén de un diplomático británico –¿Adónde vas? – le solté a bocajarro. – A padecer–  contestó – A padecer. Sacó de su mochila un gigantesco libro de más de 1000 páginas y se sentó bajo la triste iluminación de nuestra choza. Así fue como descubrí que para Miguel este viaje al norte no era más que una cortina de humo tras la que ocultar una semana de relajación, lectura y retiro espiritual.

 

Eidfjord se encuentra en el fondo del famosísimo fiordo de Hardanger (del cual no había oído hablar en mi vida), en la costa oeste de Noruega. Para llegar allí desde Oslo hay que conducir durante 6 o 7 horas por zigzagueantes carreteras heladas y atravesar una gélida meseta carente de vida humana. Allí comprendes por qué las autoridades recomiendan llevar un equipo de supervivencia y gasolina de reserva en el maletero.

la cascada principal de Voringfossen

 

Habíamos llegado hasta allí en busca de un imponente muro de 400 metros con numerosas líneas de hielo vertical. En su lugar nos encontramos con una muralla de roca totalmente pelada. Lo primero que pensé fue en volver a por los 700 € que le acabábamos de pagar al casero y huir desesperadamente hacia Rjukan. ¿Quién demonios me había mandado venir a un lugar del que no había ni la más mínima información? Miguel y yo comenzábamos a planear la manera de recuperar la pasta cuando Roy tomó las riendas e impuso la cordura.-Estamos en Noruega y hace un frío de pelotas. Tiene que haber hielo, sólo tenemos que encontrarlo!.

En menos de 2 horas ya habíamos topado con un auténtico santuario de hielo. Se trataba de un enorme agujero en medio del altiplano donde vertían diferentes torrentes; un lugar mágico conocido como Voringfossen.  Del suelo de aquel enorme “jou” brotaban fuentes de agua verdosa que se congelaba tras su contacto con el aire. La cascada principal (Voringfossen) estaba prácticamente desecha y el caudal de agua producía un gran estruendo dentro de aquella extraña sima.

 

escalando en Voringfossen

cascadas cubiertas de nieve. La tónica de cada día

Escalamos una cascada de 300 metros con hielo masivo. Una verdadera escalada de placer en un ambiente inmejorable que se vio truncado en el último largo por el impacto de un bloque de hielo sobre el hombro derecho de Roy. La cosa parecía seria y hubo que poner pies en polvorosa a base de avalakovs. Por suerte la cosa no resultó ser tan grave como parecía en un principio y tras un par de días, Roy volvió a bailar sobre los piolos.

La meteo nos obsequió cada mañana con 10 o  15 cm de nieve fresca, lo que garantizaba hielo costroso, manos heladas y continuos spindrifts. En una ocasión tuvo la gentileza de dejar un paquete de 50 cm. Además de las cascadas de Voringfossen, encontramos “pequeñas” maravillas en la zona alta del pueblo, que bautizamos como Eidfjord “de D’Alt”. Exploramos una gran brecha en forma de S, coronada por una cascada vertical que prometía una escalada divertida y que resultó ser un macro-recorrido de mas de 500 metros.

segundo antes del Shock Láctico

En una de las cascadas de Voringfossen

 

En la colgada de Voringfossen

Visitamos también las pequeñas cascadas situadas sobre el núcleo de casas conocido como Liseth, en la parte superior de Voringfossen. Tuvimos que abrir una buena trinchera en la nieve recién caída parta poder disfrutar de una escalada al sol a 15º C bajo cero. Tras 4 días de actividad sin descanso mis antebrazos se declararon en huelga,  abandonándome a mi suerte como si no nos conociéramos de nada. En varias ocasiones estuve  a punto de caer debido al fallo muscular, lo que me hizo perder por completo la confianza en mí mismo. Para acabar el viaje Roy, con el hombro recién reparado, resolvió una compleja cascada con tubos de órgano en una sección desplomada, con la que pudimos comprobar de nuevo la 1ª ley de la escalada en hielo: siempre es mas difícil de lo que parece.

Roy disfrutando de los -15ºC

Siempre es más difícil de lo que parece

Algunos datos prácticos:

El vuelo desde Alicante a Oslo (Rygge) es directo y cuesta entre 50 y 100 €, pero ojo que se trata de Ryan Air. A estos piratas del aire no les tiempla el pulso a la hora de cobrarte 1 kg de sobrepaso o la impresión de la tarjeta de embarque.
Desde Rygge hasta Eidfjord se puede tardar entre 5 y 7 horas dependiendo del estado de las carreteras. Aquí sigue siendo imprescindible llevar un buen mapa de carreteras y desconfiar de las indicaciones del GPS.
En cuanto al hospedaje básicamente deberemos decidir entre quedarnos en las cabañas de Liseth (www.liseth.no), próximas a la mayor parte de las cascadas o en la ciudad de Eidfjord, a unos 12 minutos en coche de Voringfossen. Nosotros optamos por alojarnos en el Kjaerveit Camping en Eidfjord, algo más barato y de menor calidad que Liseth.Noruega es un país muy, muy caro por lo que conviene ir bien cargado de Coronas o llevar la tarjeta de crédito a mano (la aceptan en todos lados). Puede ser interesante facturar una maleta extra, sólo para la ida, cargada con comida de España (la aduana permite un máximo de 10 kg. en productos alimenticios)

 

 

 

 

 

Al Infierno con el Diablo (350m, 6b, A4+) + Ciclogénesis Explosiva (960 hPa, 90 Km/h, 14ºC y lluvia)

Parte 1

La mente humana tiene una capacidad infinita de ahorrar energía en los actos repetitivos y eso quizás sea lo que hace de la rutina algo tan confortable. Puedes conducir durante horas y llegar a tu destino sin tener ni idea de cómo lo has hecho, sin dedicar el más mínimo esfuerzo a tomar el trayecto correcto, respetar las señales de tráfico, adelantar, frenar… Sin embargo casi todos necesitamos de vez en cuando sentir cierto grado de inseguridad que nos transporte a un estado de alerta y de máxima consciencia. Quizás ese deseo de acariciar el peligro para sentirnos vivos sea consecuencia de miles de años de evolución compartiendo cueva con Dientes de Sable y Leones de las Cavernas. O una sencilla manera de regular el exceso de población.

En cuanto pasó por mi cabeza la estúpida idea de escalar Al Infierno con el Diablo supe que no iba a estar tranquilo hasta que la llevara a cabo. Escribí rápidamente al Pelut, esperando en su respuesta unas cuantas palabras que apaciguaran mi nerviosismo. Yo había leído su escalofriante relato sobre la ruta pero esperaba que el paso del tiempo hubiera tenido un efecto “crianza” sobre sus recuerdos, limando las estridencias y potenciando un bouquet agradable. En lugar de eso me encontré con el hediondo pestazo del vinagre reconcentrado. Sus palabras me advertían de importantes peligros cerca del suelo, petateos angustiosos y precarias reuniones sobre un vacío sobrecogedor. Lección aprendida: si no quieres saber la realidad lo mejor es no preguntar.

Una llamada de teléfono bastó para convencer a Miguel Valderrama. Nuestro salvoconducto solo nos autorizaba a estar fuera de casa durante el fin de semana por lo que la idea era escalar la ruta en dos jornadas y en un solo ataque sin bajar al suelo. Un planteamiento así es de por sí difícil de realizar, pero hacerlo en medio de una Ciclogénesis Explosiva parecía sencillamente absurdo. La noche del viernes soñé con un viento huracanado que me sacudía de un lado a otro mientras pendía del finísimo alambre de un plomo. Yo pedía auxilio desesperadamente pero el ruido del viento silenciaba mis gritos… Cuando me desperté fui totalmente consciente de que lo más inteligente era dejarlo para otro día, sin embargo mis ansias eran totalmente irracionales. Me despedí de Isabel con un sentido beso en la frente, como el que se va a la guerra. Ella me dijo que era imbécil, se giró y siguió durmiendo.

En el parquing del Peñón nos encontramos con Roy de Valera, uno de los padres de la criatura (junto a J. C. Merino), que con risa perversa y sorna nos soltó -Vosotros no veis las noticias ¿verdad?-. Hasta las  10:30 a.m no pudimos empezar a escalar el primer largo, un A4+ que comienza con roca resbaladiza y descompuesta, semiequipado con clavos corroídos hasta el alma por el óxido, donde si te despistas un poco te vas al suelo. A unos 20 m empieza lo bonito: una gran diagonal ascendente a través de una compacta placa desplomada, decorada con plomos. Los había de todos los tamaños y formas: había plomos tipo chicle pisado, tipo tascón, incluso un plomo vampírico, con una estaquita de madera clavada en pleno corazón. Para colmo, la roca no es la mejor para el uso de los plomos y en varias ocasiones sucedió que después de macearlo intensamente, el plomo se caía por su peso al desprenderse la cascarilla que había debajo. Eché en falta un cepillo de dientes con el que limpiar antes de colocar.

Alcancé la R1 a eso de las tres de la tarde y Miguel, en el suelo,  aprovechó para volver al coche y coger 15 plomos más. El segundo largo parecía algo más dócil. Después de unos cuantos pasos aleatorios donde un fallo suponía caer sobre la reunión, coloqué un clavo que parecía estar bastante sólido y desde allí me estiré como un maestro yogui hacia una chapa salvadora. Me faltaban unos 20 cm para poder chaparla. Sobre mi cabeza un gran bloque aparentemente inestable formaba un pequeño techo. Estudié con cuidado la fisura y encontré las marcas de haber colocado alguna pieza de progresión. Miguel me aconsejó que no pusiera nada bajo ese bloque, pero la verdad es que no encontraba otra posibilidad. El clavo quedaba un poco desplazado de la trayectoria del enorme bloque y la reunión también. Si Newton tenía razón, en caso de que el bloque se soltara, yo caería a su misma velocidad sin recibir impacto alguno, la tensión de la cuerda me sacaría de la trayectoria y aquel “televisor” de piedra seguiría su camino hasta el suelo sin contratiempos. Coloqué un friend entre la pared y el bloque que pendía sobre mi cabeza y respiré profundamente. Lo tenía todo controlado. Sería como un truco de prestidigitación. Un movimiento veloz, casi imperceptible para el ojo humano ni las leyes de la física, me permitiría desplazarme lateralmente y alcanzar la chapa. Por alguna extraña razón no sentía miedo. A la una… A las dos… y… Aquel pedrusco se incrustó en mi frente hundiéndome el casco y el tabique nasal, demostrando al mismo tiempo que Newton se equivocaba. Los bloques de piedra caen con una aceleración mayor que los seres humanos. El clavito, más humilde y noble que algunos físicos, sí se comportó como era de esperar y aguantó mi caída a la vez que me separó de la enorme piedra que llevaba por sombrero

No se a qué hora alcancé la R2 pero sí que todavía era de día.

Empezando el L1 (A4+)

No bailes sobre los plomos!! (A4+)

Miguel recuperando el L1

 

En el L2 (A4) bajo el bloque que más tarde me puse por sombrero

Virgo: “Ménage à Trois” en el Puig Campana

Mi jefe asegura que los números le hablan. Dice que si se sienta a mirar un balance, por complejo que sea, los números comienzan a sincerarse con él. Algo así como una reunión de alcohólicos anónimos pero con números. A mí me habla el Puig Campana. En realidad no se trata de palabras sino más bien de eróticos susurros y jadeos que me hacen desviar la mirada y descubrir íntimos secretos en el cuerpo pétreo de la montaña.

El Puig Campana es para mí una meretriz; una geisha que siempre sabe cómo y cuando mostrar una línea perfecta, una voluptuosa curvatura dibujada sobre su piel caliza. Se que lo hace porque es una ramera, pero también porque echa de menos los años en los que el negocio funcionaba. Los clientes llegaban de todos los rincones del país en busca de una aventura de verdad, solicitando servicios cada vez más difíciles de satisfacer. Cuando la fiesta empezaba nadie te podía asegurar que no terminarías bañado en vómito, a cuatro patas y con una bola de goma metida en la boca.

Ahora todos pedimos lo mismo: la aventura estándar. Y ponemos el grito en el cielo cuando algo se sale del guión, reclamando nuestros derechos. Como si tuviéramos alguno. - ¡Esto es una vergüenza, la reunión está desequipada! ¡La roca está descompuesta y lo seguros oxidados!! ¡¡En el croquis ponía 5+ y esto por lo menos es 6a!! ¡¡He pedido una estándar y quiero una estándar!!! -. La montaña echa de menos aquel juego de seducción en el que para conquistarla había que usar la imaginación, el ingenio y a veces también la fuerza bruta. Ahora los clientes ya no se quedan a dormir con ella después de la batalla. Sacian sus necesidades de animales para volver al calor de sus mujeres y sus hombres al caer la noche.

Hace unas semanas la montaña volvió a divertirse jugando con mis debilidades de mortal. Yo escalaba por las paredes del sector central como un fiel parroquiano de burdel que pasa a consumir y a saludar, sin esperar nada nuevo y sin nada nuevo que ofrecer. Con la serenidad de quien cree haberlo visto todo. De pronto empecé a escuchar una vez más esos enloquecedores cantos de sirena. Al principio pensé que era el efecto del viento en mis oídos, pero al cabo de un rato reconocí la sexual voz de la montaña. – Mírame… Estoy aquí… Desnuda sólo para ti…- Desvié la mirada de un lado para otro intentando localizar la fuente de la que manaba aquel magnetismo y tras unos minutos rastreando aquel cuerpo que creía conocer a la perfección, lo encontré.  La voz fluía desde una perfecta  fisura situada apenas a 20 metros de mi posición. Aquella línea virginal, ajena al manoseo de las sucias manos de los hombres, se desnudaba impúdica ante mí.

Tras viarias noches de insomnio sin poder liberarme de esa imagen lasciva, no tuve más remedio que sucumbir a la tentación de poseerla. Soy lo suficientemente viejo como para saber que a este tipo de citas es recomendable ir acompañado de alguien que pueda dar la cara en caso de no estar uno a la altura y que pueda arrastrar tus despojos hasta tu casa si la cosa se va de madre. Charly es de esos tipos que ponen pasión en todo lo que hacen, ya sea escalar, trabajar o emborracharse. En una ocasión puso tanto empeño en regresar por su propio pie hasta su tienda de campaña, a pesar de la melopea que arrastraba, que no hubo más remedio que abandonarlo a su suerte. Con un esfuerzo titánico logró  introducir únicamente la cabeza por una estrecha apertura de la cremallera. A la mañana siguiente encontramos su cuerpo hediondo, aparentemente decapitado, yaciendo junto a la puerta de la tienda.

Poco voy a contar acerca de nuestro particular ménage à trois con el Campana, salvo que una vez más volvimos a sentir un nudo en la boca del estómago, el temblor en las piernas y el temor en nuestra alma fugitiva. En ocasiones nos sentimos tímidos e incómodos; a veces fuertes y valientes, incluso invulnerables. Otras totalmente impotentes.

Cualquier bacanal de este calibre te deja una resaca de sensaciones que te hace sentir distinto durante unos días, por no hablar de los incómodos moratones y arañazos. Pero no somos los únicos que llevan en la piel el recuerdo de aquellos dos días de desenfreno. El Puig Ca’ también viste sus propias cicatrices en forma de pitones, cordinos y algún parabolt, que le ayudarán a no olvidar fácilmente aquella intensa y maravillosa experiencia.

Reseña

Chapa Negra en La Taula (el vídeo de marras)

Después de unas cuantas horas delante del Adobe Premier  he conseguido que las tomas que realizamos con una cámara profesional requetefull-HD se vean peor que las que tomamos con una Handycam convencional. Paradojas de este mundo de codecs, fps y líneas entrelazadas.

Aquí dejo un recuerdo HD de lo que fue nuestro bello paseo por La Taula.

Imagen de previsualización de YouTube

Y unas fotitos del “Making of”

 

 

 

 

 

Beyond Good and Evil

Selecciona 720p HD (si quieres)

Imagen de previsualización de YouTube

Chapa Negra en La Taula

El Divino, con la pared de la Taula a la derecha

La Taula

“La fisura mas alucinante de Aitana. La Supercrack  del Divino.” Así la describió el gran Armand Ballart en su artículo sobre el Peñón del Divino que publicó Desnivel hace unos cuantos lustros. Este ecléctico escalador y dibujante (y seguramente muchas cosas más) que en ocasiones nos seducía con su aire vintage y a veces nos descolocaba con sus ideas futuristas, recomendaba “engañar a un amigo para hacerse fotos de calendario”.

Seguir leyendo Chapa Negra en La Taula…

Has llegado tarde… Doug

Como en el Bolero de Carlos Cuevas, esta enternecedora carta que me envías y que titulas “La Preservación de la Roca Natural para la Escalada de Aventura”, llega demasiado tarde.

No puedo negarte que tus palabras provocan un nudo en mi garganta y humedecen mis ojos, rescatando de mi memoria imágenes del pasado.

Me dices que “la escalada tradicional proporciona una satisfacción personal inigualable al exigir una mayor cantidad de recursos y demandar un ejercicio de imaginación, ya que cada acto de autoprotección es diferente del anterior”. Hablas de que “aquellos que posean un sentido histórico apreciarán una escalada clásica inalterada por el parabolt; sin idiotizar por los que no podían subir afrontando el reto que los aperturistas asumieron”. Incluso hablas de arte…

¿Dónde estabas, Doug? ¿Dónde te habías metido todos estos años en los que  esas obras de arte eran mancilladas, ultrajadas y violadas?

¡Cuánto hubiera deseado recibir esta carta hace mucho, mucho tiempo! Cuando todavía se podía hablar en público de compromiso, exposición, incluso de peligro, sin que te giraran la cabeza o te trataran como a un enfermo mental.

No conozco el paradero de ese extraño lugar desde el que me escribes, pero quizás allí, en UIAA, tus palabras aún conserven sentido.  Aquí, en el pueblo, los aperturistas ya no se dejan llevar por las tripas, el corazón o la cabeza, sino por las preferencias de los que están en el suelo. Los escaladores valoran sus obras en función del número de repeticiones que reciben.

Incluso se aplaudieron equipamientos de rutas tradicionales que habían caído en el olvido, sin entender que estaban saboteando lo que era su propia herencia. No fue más que otra forma de Tiranía de la Democracia. Luego le siguió la Tiranía del Miedo y comenzaron a colocarse chapas aquí y allá en pro de la seguridad general. Nadie puso pegas a una labor humanitaria que podría evitar accidentes o la temida MUERTE.

Has llegado tarde Doug.

Por aquí solo quedamos unos pocos que aún conservamos aquellas guías del pirineo, en las que se alababan los itinerarios más audaces, más inteligentes y comprometidos. Aquellos que nadie se atrevía a repetir y que eran tratados como obras maestras: Los Delincuentes de lo Inútil, El Diedro Amarillo, Aloïs… A veces nos reunimos clandestinamente y las leemos juntos.

Espero que allí en UIAA las cosas hayan seguido otros derroteros y que estas palabras que me escribes no hayan perdido aún su significado y puedas enunciarlas con voz alta y clara.

En fin, Doug, me alegra saber de ti, aunque solo puedo decirte que has llegado tarde, demasiado tarde, porque otro cariño, tu huella borró.

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